El IronMan como una forma de entender la vida

miércoles, mayo 17, 2006

5 horas 54 minutos


Ya estoy aquí otra vez. Y estoy como un chaval el día de su cumpleaños, rodeado de regalos. Han sido muchos años esperando poder decir que ya soy triatleta... y ese regalo ha llegado.

Voy a resumir en este post toda la experiencia, aunque tengo la intención de escribir varias otras veces dando más detalles sobre cada una de las 3 disciplinas, la gente, la organización, el viaje... En fin, que tengo mucho que contar y algunas fotos que colgar y no quiero aburriros con una historia muy larga. Empezamos.

A priori el tema no pintaba bien: Álvaro estaba enfermo, no sabía si iba a ir solo, la semana había sido de mucho curro y poco entrenamiento, muchos nervios, dificultad para dormir, etc. etc. Me fui solo en coche y llegué por la tarde-noche, con tiempo para colocar las cosas en la habitación, repasar la bici, dar una vuelta y cenar. Poco más.

El sábado, después de recoger la documentación (emoción al ver mi número -49- para la bici y el casco) cogí la bici a medio día y me fui a rodar un rato y ver cómo montaban la zona de transición. Allí vi a gente del Arroyomolinos, a Dani H20, a Choper, a Esperanza... Les contaba que debutaba, que luego me iba a Roth y todo fueron ánimos. A medio día me fui al aeropuerto a por Lorena y Álvaro y por la tarde tocaba el briefing (ya había llegado Pedro Lonely y estuvimos juntos haciendo bromas). Poco más ese día: la insulsa pasta party y a la cama.

La noche fue de aupa: Álvaro protestando a la 1 y a las 3 de la mañana y yo con los ojos como platos desde las 4. A las 5, duchita y a las 5:30 bajo a desayunar, aunque no me entraba nada.

Tensión y nervios en los momentos de boxes. Ya no había marcha atrás y, aunque con ganas de darle, no me veía en mi mejor momento. Tensión a la hora de ponerme el neopreno. Tensión camino de la zona de natación. Fuera tensión al hablar con españoles en la salida. Fuera malos rollos.

La zona de natación es una especie de lago tipo Casa de Campo, pero con agua de mar. Verde. Oscura. Apenas se veia nada. Unas brazadas para calentar y soltar y, acojonado, vuelta hacia la cinta de salida.

De repente, un bocinazo y ciento y pico cuerpos se ponen a toda leche en posición horizontal y ya sólo se ven brazos, piernas y espuma, mucha espuma. No pienso en nada, sólo en llegar a la primera boya y no recibir ningún golpe serio. Voy tranquilo, regulando, sintiendo las brazadas, moviendo bien el cuerpo, balanceando y respirando, empujando el agua. Busco un hueco y no lo encuentro. Sin avisar, a los pocos cientos de metros, calambrazo en el gemelo derecho. Grito y paro. Estiro como puedo y me noto la pierna muy rígida. A partir de ese momento la natación es una cuestión de supervivencia. Ya no disfruto en el agua, sólo procuro no mover las piernas. Otros dos tirones me obligan a repetir la parada, el grito, la impotencia. Se me hacen eternos los 1900 metros.

Salgo del agua y camino estirando y charlando hacia la bici. Me cambio con parsimonia. Creo que fueron 6 minutos y no me preocupaba en absoluto. Mi guerra estaba basada en la palabra "regular". En el concepto "asegurar".

La bici fue muy cómoda, a unos 30 de media. Por autovía cerrada al tráfico por completo. Una gozada de 3 horas, acoplado el 80% del tiempo. Lástima de empedrado en la zona de giro cercana a los boxes... Yo estaba más preocupado de mis ruedas que de la velocidad. De que no sufrieran demasiado el traqueteo. De que no perdiera nada que llevara en la bici.

En la bici ya me encontraba entre los últimos, pero iba muy feliz, sintiendo el viento, disfrutando de la vista del mar. Oyendo los ánimos de la gente, los aplausos. Me sentía triatleta por primera vez.

Otra transición, pasando por el baño (el chip pasó dos veces por la alfombra y mis tiempos no han quedado registrados). Tranquilamente suelto un enorme pis (no paré de beber, obligándome a ir muy muy hidratado) y me pongo a correr con los cascos. Muy suelto, muy cómodo. Muy despacio, pero sin dolor de ningún tipo. Los tirones eran cosa del pasado.

Las 4 vueltas las tenía repartidas en montoncitos de 15 minutos de ida y 15 de vuelta, para hacer 30 minutos por vuelta. Algo menos de 2 horas en la media. Algo menos porque nunca fueron 15 minutos y porque los últimos 2 km los hice a un ritmo serio, consciente de que acababa demasiado entero y que podía apretar. De todas formas, la idea de Roth se alejaba de mi cabeza: un medio IM es muy sencillo, pero un IM entero se me antojaba imposible.

Pasé a un portugués que me sacaba una minutada justo 10 metros antes de la línea de meta. Yo iba a todo trapo y él estaba hundido. Lo siento por él, no fue una cuestión de pique, sino de mi ritmo en el último 2000.

Al entrar en meta no siento la épica. No siento nada de lo esperado. Sólo sé que he terminado y que estoy muy entero. He cumplido. Mal en la general, pero muy contento. Recojo la bolsa con la camiseta y me voy camino de los masajes. Chequeo mi pulsómetro, veo mi tiempo y le resto el tiempo que he tardado en comprobarlo desde que entré en meta. Calculé 5h51min, pero han sido 5h54. Me da igual.

Tumbado, sintiendo las manos reparadoras de las 2 masajistas, soy capaz de abstraerme. Ahora sí. Ahora sí siento lo que he hecho. Sí soy consciente: lo he terminado. Y me acuerdo de un montón de cosas. De las veces que he trotado por Arganzuela hace años soñanado con ese momento. De los km en bici por la Casa de Campo. De los largos de piscina que tanto me gustan (y que no me han acompañado). Me acuerdo de la gente que ha compartido mis sueños todo este tiempo. SObre todo los que me han animado estos últimos meses. No voy a dar nombres porque ellos saben quiénes son. Gracias. Sin vosotros todo esto no tendría el mismo sentido.

Recojo la bici y algunos trastos y me voy para el hotel. Baño reparador. Otro pequeño automasaje. Tranquilidad mental. La tranquilidad que da el saber que he cumplido. Empiezo a analizar la carrera y veo que, de haber nadado de forma normal, en los 35 minutos esperados, haber hecho las transiciones rápidas, no parar dos veces en la bici (ya os contaré) y haber apretado más en la carrera podía haber bajado más de 20 minutos mi tiempo. No me preocupa, aunque me pica el amor propio: se trataba de terminar, pero podía haberlo hecho mejor.

Entrega de premios (sólo nos quedamos a un fantástico buffet) y a dormir pronto. Al día siguiente visita a Lisboa (Barrio Alto con carrito de Álvaro incluido, Chiado...) y el martes visita a Estoril y Cascais. Corremos de vuelta para que Lorena y Álvaro no pierdan el avión.

Mi vuelta en coche fue muy relajada. Vuelvo a sentirme feliz, a sentirme vivo. Escucho mi música y me relajo. Pienso, pienso mucho. He comprobado que este deporte es cojonudo. Que me encanta. Que la mayoría de la gente que está alrededor, que compite consigo mismo, es la leche. Que no lo cambio por otro deporte. Ahora ya sé que lo que dije hace tiempo es cierto: He venido al tri y es para quedarme.

He pasado de no querer ir a Roth a desearlo con todo mi corazón. Es muy probable que pete, pero voy a dar mucha guerra hasta hasta que eso ocurra.

7 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Enhorabuena!!!! te seguiremos animando hasta Roth y todo lo que venga despues.

Disfrutalo mucho, mucho

10:43 p. m.

 
Blogger Bulderban said...

Ya se lo dije a Cavallé, Roth se hace igual que todos los triatlones...un kilometro después de otro !!
ENHORABUENA Dani !

10:54 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Dani, me alegro mucho de que una vez colocadas las sensaciones tengas tantas ganas de atacar Roth.

Un placer conocerte, y como dijimos al despedirnos: nos vemos en la próxima.

Un beso. Esperanza.

12:31 a. m.

 
Blogger Dani_ironman said...

Esperanza, mándame un correo para que te envíe las fotos de la bici con las maravillosas ruedas.

ironmandreamarrobayahoo.es

7:56 a. m.

 
Blogger Cavallé said...

Dani, enhorabuena de nuevo y por favor, quítate de la cabeza la idea de petar en Roth.

David

9:01 a. m.

 
Blogger Dani_ironman said...

Es que, por muy bien que acabara en Lisboa, Roth me da muuuucho respeto. Sé que voy a terminarlo. Sé que no podrán conmigo. Pero tengo que ser sincero conmigo mismo y asumir que no pasaría nada si no puedo terminar.

9:30 a. m.

 
Blogger Talín said...

Dani, ole ahí tus pelotas; ENHORABUENA. Este relato me ha servido para volvr a relajarme un rato ante lo que nos espera mañnana.

Y en Roth moriremos todos juntos aunque sea con las botas puestas, pero despúes de haber disfrutado juntos en la carrera. Goza estos días paseando por las nubes. Un IronAbrazo

11:36 a. m.

 

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